La sauna es una tradición y una seña de identidad del pueblo finlandés. Una costumbre milenaria grabada a fuego en la cultura de este pueblo escandinavo. En la actualidad hay millones de saunas repartidas por todo el país. Los finlandeses toman una media de entre 2 y 3 baños de sauna a la semana.
En el año 2020 la Unesco declaró la sauna finlandesa patrimonio inmaterial de la humanidad. Poco tienen que ver aquellas cabañas de madera, donde los nativos acudían a darse baños de calor, ubicadas al lado de los lagos, que salpicaban Finlandia en la época de los vikingos, con las saunas de hoy en día. Sin embargo, aunque diferentes, ya no queman madera sino que funcionan con estufas eléctricas, las saunas actuales conservan la esencia de antaño. Un ritual de cuidado personal en unas de las latitudes más inhóspitas del planeta.
En la antigüedad, las saunas eran consideradas “un templo de la naturaleza”. El lugar donde habitaba el Löyly, el espíritu de las piedras calientes. Un ser mágico que se manifestaba al rociar con agua unas piedras volcánicas que habían sido calentadas en la hoguera. Un ente capaz de sanar el cuerpo y calmar la mente. Y que los habitantes de estas tierras buscaban como se busca el aire fresco para respirar.
Señala la página web de la BBC que hay indicios arqueológicos que señalan que la sauna se remonta a 10.000 años atrás. En la Edad de Bronce. Mucho antes de que apareciera la cultura vikinga. Las primeras saunas eran un hoyo excavado en la tierra, con un montón de piedras a su alrededor, que se calentaban en una fogata.
A pesar de su antigüedad, la sauna está más viva que nunca en Finlandia. En un país de apenas 5,5 millones de habitantes, se calcula que hay 3,3 millones de saunas.
El día de la sauna.
Aunque en Finlandia no hay un día específico para darse un baño de sauna, la página web This is Finland señala que el sábado es el día oficial de la sauna. Es el día para sudar en las saunas que habitualmente no están abiertas al público.
Este era un día oficioso. Una costumbre socialmente admitida, pero no declarada. Los finlandeses están acostumbrados a darse baños de sauna en grupo. Hay saunas privadas en las casas, pero también en las comunidades de vecinos (dentro de los bloques de viviendas), en las oficinas, en los gimnasios, en las piscinas y en los campus universitarios, que la gente aprovecha cuando tiene un hueco de tiempo. Pero el sábado es el día en el que toda la familia al completo acude a la sauna.
La asociación Yhteismaa ha aprovechado los sábados del verano, que en los países escandinavos es muy corto, para instaurar el día de la sauna. Una especie de día de saunas abiertas. Donde la gente puede acudir a saunas privadas o que habitualmente no se utilizan.
Para esos días se han habilitado antiguas saunas de madera instaladas en los bosques, y otras que se han colocado en teatros, entre bastidores, en restaurantes o en los áticos de los edificios.
El acceso a estas saunas es libre, no se cobra entrada, pero el propietario puede pedir una aportación para sufragar el mantenimiento o vender tentempiés salados.
Jaakko Blomberg, un joven de Helsinki, señala que acudir a las saunas es una manera natural de relacionarse en Finlandia. En las fiestas de estudiantes o de empresa es normal que se acuda a la sauna por la noche.
En las saunas de empresa o de edificio de oficinas, las saunas se llegan a utilizar para establecer contactos profesionales. Nunca sabes a quién te puedes encontrar en la cabina de sauna.
Las saunas antiguas.
Explica la web Visit Jyväskylä que las saunas de la edad antigua, las que podemos considerar el precedente de las saunas actuales, eran cabañas construidas con troncos de madera, localizadas al lado de un lago. La ubicación era importante. Ya que el baño de sauna es el paso central de un ritual de cuidado personal que pasa por una ducha de agua a temperatura ambiente; en aquella época, el usuario se echaba un cubo de agua por encima de la cabeza, se secaba, entraba dentro de la sauna y al salir, se zambullía en el lago. La razón de actuar así, es para que el cuerpo recupere el ritmo cardiaco. Ya que el paso por la cabaña de sauna, donde la temperatura supera los 100º C., hace que baje el ritmo cardiaco y la presión arterial.
Estas primeras saunas eran saunas de humo. Estaban completamente cerradas y en el interior de la cabaña se encendía un fuego, que un encargado se preocupaba de mantener durante todo el día. Calentar estas cabañas a la temperatura adecuada, podía requerir hasta 10 horas.
En la edad media, a alguien se le ocurre instalar una chimenea dentro de la cabaña. Por lo que las saunas pasan a ser más seguras y tienen menos humo en su interior. Estas saunas eran de acceso público y al encargado se le pagaba una propina para sufragar los gastos. Este sistema de funcionamiento ha durado hasta hace unos 50 o 60 años.
En aquellas primeras saunas había una leyenda, la del gnomo de la sauna. Y es que se pensaba que cada sauna tenía un gnomo que vivía escondido bajo los bancos de la cabaña. El gnomo se preocupaba de que cada usuario siguiera las estrictas normas de la sauna: los pasos del ritual, el uso responsable de las instalaciones, etc. De manera que si alguien las incumplía, podía ser castigado; bien porque la sauna se quemaba o porque el infractor recibía algún daño físico. Encontrarse con el gnomo o pensar haberlo visto, era un signo de mal augurio.
Los usuarios, por otro lado, ofrecían ofrendas al gnomo, para que fuera benevolente con él. Por lo que no era extraño encontrar en las inmediaciones de la cabaña, montones de comida que la gente le había ofrendado.
Las saunas privadas.
Ya en el siglo XX, es habitual que la gente empezara a instalarse saunas en su propia casa. Son saunas para uso familiar. En la década de los 60, del siglo pasado, las saunas de leña pasan a ser sustituidas por estufas eléctricas, cuenta la web Visit Jyväskylä, lo que facilita su instalación.
Los técnicos de Saunas Luxe, una empresa española que lleva fabricando e instalando saunas finlandesas desde hace 40 años, explican que estas saunas se pueden poner en cualquier lugar de la casa. Tan solo hace falta tener una toma de electricidad cerca para conectar la estufa o el radiador de infrarrojos.
Las saunas, en realidad se hacen a medida. Lo que hacen los fabricantes es cubrir toda la superficie de la sauna: suelo, techo y paredes, con una madera resistente al calor, como el abeto, y crear una cabina cerrada que mantenga las altas temperaturas.
Esto es así, hasta el punto que se podría instalar una sauna en un pasillo, en el hueco de una escalera o en un desván. Por lo general se suelen instalar en el baño, para facilitar la ducha que el usuario se da antes y después de salir de la cabina de sauna.
Las saunas públicas.
Indica la Unesco que en todas las ciudades finlandesas había saunas públicas que podían utilizar los vecinos, pero fueron desapareciendo prácticamente en la década de 1950. En las últimas décadas, se están volviendo a colocar saunas en lugares públicos, pero esta vez gestionadas por empresas privadas, las cuales cobran una entrada para poder utilizarlas. Estas empresas, a su vez, están recuperando las viejas cabañas pegadas a los lagos, rehabilitándolas o construyendo unas nuevas inspiradas en las saunas tradicionales, y que los finlandeses suelen utilizar en verano.
Aun así, alguna sauna centenaria queda en pie, como la Sauna Rajaportti, en Pispara, Tampere, la Región de los Lagos. Una sauna que según la página web Visit Finland es la sauna pública más antigua que queda en funcionamiento en Finlandia.
Esta sauna se construyó en 1906 y se conserva prácticamente igual que en 1930, cuando se realizó la última modificación. La cabina de sauna tiene dos zonas, una para mujeres y otra para hombres, separadas por una pared de madera que parte la sala por la mitad. Ambas zonas comparten la misma estufa. Una estufa de leña fabricada en mampostería con un tubo metálico que expulsa el humo por el tejado.
La entrada para mujeres y para hombres dispone de dos puertas independientes. Y hay un vestidor para cada género con capacidad para 20 personas. La cabina de sauna permite el uso simultáneo de 12 personas en cada una de sus dos áreas. La sauna dispone también de una cafetería interior y de un salón de masajes.
Llama la atención como incluso en invierno, los usuarios se reponen sentados en bancos al aire libre, cubiertos con su toalla, recuperando líquidos mientras se beben una botellita de agua o un zumo.
Las saunas de las repúblicas bálticas.
La sauna salió de Finlandia en la antigüedad y se extendió por otras regiones cercanas del norte de Europa, como las repúblicas bálticas; Estonia, Letonia y Lituania. Lugares donde la sauna llegó antes que el cristianismo.
Las saunas de estas repúblicas ex-soviéticas son parecidas a las saunas tradicionales finlandesas, si bien, como comenta la página web norteamericana BW tienen sus diferencias, incluso de un país báltico a otro.
Como rasgo general podemos decir que en estos países es una tradición rural. La mayoría de estas saunas se encuentran en los bosques, rodeadas de naturaleza. Aparte de los efectos que tienen para la salud, estas saunas eran un lugar de reunión social. Un espacio en el que podían coincidir campesinos, que cada uno de ellos vivía y trabajaba en su propia granja. Las saunas en las repúblicas bálticas también están ligadas a la recuperación de las mujeres después del parto o a la celebración de los solsticios.
En cuanto a su construcción cabe señalar que las saunas en Estonia recuerdan a las primeras saunas finlandesas. Se les llama “suitsusunas” y carecen de chimenea. Son saunas de humo. Están construidas con madera de abeto, excepto la estufa donde se forma la fogata, que es una caja abierta fabricada con piedra o mampostería. Cuando se forman las brasas, la fogata se cubren con piedras. Y cuando se considera que las piedras han alcanzado la temperatura adecuada, se ventila el habitáculo para expulsar el humo y entonces ya se puede utilizar la sauna. Esta sauna es una sauna seca, con una temperatura ligeramente inferior a la sauna finlandesa y con un característico olor a madera.
En Letonia, las saunas son cabañas de madera ubicadas cerca de un lago. Aquí si suele haber salida de humo y la tradición es darse un chapuzón en el lago al salir de la cabaña. Lo que más llama la atención de las saunas letonas es el ritual del Pirts, en el que los usuarios permanecen de pie dentro de la sauna golpeándose suavemente con ramas de abedul y otras plantas locales para abrir los poros de la piel y extender el aroma de las plantas. En ocasiones, este ritual puede estar dirigido por un maestro.
En Lituania, el fuego de las saunas se cubre con piedras volcánicas, algo parecido a lo que se hace en Estonia, para mantener por más tiempo el calor. En este país, las saunas se utilizan sobre todo en invierno y las cabañas se construían cerca de los muelles.
En la actualidad, la sauna finlandesa se ha extendido por todo el mundo. Ha sobrepasado el ámbito geográfico del Mar Báltico y de la península escandinava. Encontramos saunas finlandesas en gimnasios, spas, hoteles y domicilios particulares de cualquier parte del planeta.
Se puede decir que la sauna finlandesa, la más popular de las que hemos visto, es una contribución de Finlandia al bienestar y al cuidado de la salud de toda la humanidad. Uno de esos hábitos que vale la pena incorporar en nuestra rutina habitual, por los grandes beneficios para nuestro bienestar.