Seguramente a más de uno este término le resulte desconocido. Algo lógico si no te mueves dentro del mundo de las montañas, los precipicios y las paredes rocosas. Por eso mismo, vamos a acercarnos a esta actividad deportiva tan interesante que consiste en realizar recorridos que han sido preparados para hacerlos desplazándose por las paredes rocosas y los acantilados a los que no es posible acceder de otra manera. Las grapas metálicas encastradas, los escalones y salientes excavados o aprovechados en la roca permiten acceder a parajes dotados de una belleza increíble.
Puentes mono con un solo cable sobre el que se pisa y otro al que se agarra el que practica esta actividad, junto a la línea de vida, tibetanos, que son dos cables a los que agarrarse, y tirolinas son los elementos que se utilizan para poder franquear los precipicios, visitar las agujas rocosas y deslizarse sobre cables por encima de los abismos a metros y metros de altura.
Sin duda, se trata de una actividad emocionante que se puede realizar gracias al cable de vida al que los participantes se encuentran anclados a lo largo de todo su recorrido y al mantenimiento altamente controlado de todas y cada una de las vías férreas que existen en Europa. Todos estos trayectos son totalmente seguros siempre y cuando se respeten las pocas, pero muy estrictas, medidas de seguridad que hay que tomar. Un arnés, un disipador siempre unido con dos mosquetones al cable de vida y un tercer cable, la tercera braga que permite descansar sin que sea necesario agarrarse a la roca o a las grapas de metal, proporcionan la seguridad total necesaria para este deporte.
Si te apasiona la aventura al aire libre o quieres probar una experiencia emocionante en la montaña, esta puede ser tu actividad.
Una actividad de dificultad variable
La dificultad que presentan las vías ferratas es muy variable. Desde el nivel K1, fácil, hasta el K6, extremadamente difícil, el recorrido a realizar puede ser ascendente, horizontal, descendente o la combinación de todos ellos, incluyendo tramos de desplome, en los que el ángulo de la roca supera los noventa grados. Sin embargo, como nos comentan los expertos de TABEI Adventures impulsados por la experiencia y el aprendizaje adquirido e inspirados por la fuerza y constancia, existen muchas vías ferratas muy accesibles en las que los niños y las personas que presenten una agilidad y nivel deportivo menor, se pueden iniciar y de esa manera, coger vicio y continuar con la actividad.
Las personas a las que no se les aconseja realizar vías ferratas son aquellas que padecen de vértigo extremo, pero para las demás, contando con una buena dirección y empezando por las vías más sencillas, se pueden aficionar y disfrutar mucho de la naturaleza y la actividad. Las personas que padecen falta de seguridad pueden hacer que su autoestima mejore recorriendo estas paredes rocosas donde la clave se encuentra en confiar en el cable utilizado.
Una vez que se supera el miedo instintivo al vacío, la vía ferrata se convierte en un camino aéreo que lleva a quien lo cruza a lugares insospechados a los que es imposible llegar de otra manera. La práctica de la vía ferrata es un deporte tranquilo y lleno de disfrute con el mismo y, por supuesto, con la naturaleza. Se trata de una manera de relacionarse con el medio ambiente y entender y apreciar toda la grandeza de la propia naturaleza.
Es importante tener presente que una vía ferrata no es un terreno de progresión sencillo y requiere disponer de conocimientos técnicos. Infravalorar la actividad puede llevar a cometer errores fatales, por lo que, en caso de no tenerlo claro o sentir dudas sobre cómo se debe afrontar la actividad, lo mejor es ponerse en manos de un guía profesional.
Podemos hablar, a modo de ejemplo, de la historia de las vías ferratas del Tajo de Ronda, que aprovechan un antiguo equipamiento que fue instalado en el año 1936 en los muros laterales del Tajo de Ronda y se utilizaba por los campesinos para poder acceder con mayor rapidez al pueblo. Esta ferrata dispone de cable de vida y mantiene los antiguos peldaños, una versión gruesa y lisa de las grapas habituales.
El origen de las vías ferratas es complicado y difuso. Desde hace siglos se han equipado tramos de caminos con algún peldaño o cadena que permite facilitar el paso. El origen de las vías ferratas se considera en el año 1843 en Austria, cuando se equipa la vía normal al pico Hoher Dachstein de 2995 metros de altitud, la cima más alta de los Alpes del Salzkmmergut y de Alta Austria. La única finalidad de la equipación fue hacer que fuera más accesible. No obstante, hasta 1903 no se equipó la arista oeste de la Marmolada, una montaña al noroeste de Italia y la más alta de los Dolomitas con 3343 metros de altitud, y se consideró la vía ferrata como tal.
Ya en la Primera Guerra Mundial se empieza a equipar un número importante de vías ferratas en los Dolomitas con una finalidad bélica en la guerra austrohúngara contra Italia, en la que se empiezan a utilizar cables, escaleras y puentes para facilitar el acceso de las tropas y el material de guerra. Estos caminos quedaron para su uso más lúdico y deportivo tras finalizar la guerra.
En España, las clavijas de Cotatuero en el Valle de Ordesa fueron instaladas en 1881 por el herrero de Torla, a instancias de un cazador inglés: un total de treinta y dos hierros entre clavijas y alguna grapa que salvan la pared con un gran patio en el circo final de Cotatuero. Hasta 1954, cuando Julio Nogues y Enrique Pera equiparon el Canal del Palomo en la Sierra de Gaura con 240 clavos y algunas grapas para salvar más de 200 metros de desnivel, no se consideró la primera vía ferrata de España.
Diferencia entre vía ferrata y escalada en roca
Las vías ferratas son rutas existentes en la montaña equipadas con elementos fijos como cables de acero, escalones, puentes colgantes y tirolinas que permiten a los aventureros ascender por los terrenos verticales y los acantilados con seguridad, utilizando un arnés con mosquetones enganchados al cable por el recorrido. La escalada en roca implica que el escalador depende de las características naturales de la roca y su habilidad técnica para ascender o descender por la montaña. En las vías ferratas, el recorrido está claramente definido y marcado, además de que las herramientas instaladas facilitan el avance, siendo la opción ideal para los principiantes que quieran vivir una aventura emocionante en la naturaleza.
La técnica y la dificultad de las vías ferratas tienen una progresión más sencilla debido a los peldaños y los cables de acero que permiten moverse por la ruta. El escalador solo tiene que saber cómo utilizar el arnés y los mosquetones para asegurarse al cable, por lo que es una actividad menos exigente. La escalada en roca, por el contrario, presenta una dificultad que depende del terreno y la capacidad del escalador para encontrar las presas naturales, por lo que requiere disponer de mayor fuerza, técnica y experiencia.
El equipo necesario para realizar vías ferratas es más básico y accesible: un arnés, mosquetones de vía ferrata con sistema de amortiguación, casco y guantes. En la escalada, el equipo es más complejo y especializado: cuerdas, pies de gato, mosquetones, cintas exprés y, en algunos casos, protección adicional como fisureros o friends.
En cuanto a la accesibilidad, las vías ferratas son más accesibles debido a que están diseñadas para que personas de todos los niveles puedan disfrutar de la actividad, existiendo rutas con diferentes grados de dificultad que permiten adaptarse a principiantes y más experimentados. La escalada en roca exige una mayor destreza física y mental, y no es tan accesible para aquellos que carecen de experiencia.
La seguridad de las vías ferratas es mayor, con recorridos preinstalados en los que los participantes permanecen conectados al cable de seguridad todo el camino. La escalada implica que el escalador instale su propia protección o confíe en los anclajes disponibles, lo que supone un riesgo mayor.
Para disfrutar de una vía ferrata de forma totalmente segura, es necesario disponer de un equipo básico compuesto por un arnés de seguridad, mosquetones con sistema de disipación, un casco, guantes para proteger las manos al manipular los cables de acero y ropa cómoda y calzado adecuado.
Las vías ferratas son una excelente combinación de lo mejor de la aventura al aire libre con la seguridad y accesibilidad necesarias. Son perfectas para todos aquellos que buscan experimentar la emoción que implica ascender por las paredes verticales sin tener que sufrir los riesgos de la escalada ni necesitar la preparación técnica que implica. Las rutas se adaptan a todos los niveles de experiencia, desde los principiantes que empiezan hasta los aventureros más experimentados.
En conclusión, tanto si se quiere disfrutar de unas vistas panorámicas impresionantes como si lo que se pretende es probar una actividad diferente o, simplemente, superar los propios miedos, las vías ferratas son una excelente manera de adentrarse en el apasionante mundo del deporte de montaña.